viernes, 27 de mayo de 2016

Yo te escuché, talapo


¿Por qué ya no cesás, talapo pensador,

de elevar tu voz al ruego?

anhelás el devenir con aún más verdor,

asimilás ingenuidad, que es natural en tu furor.



Pues ya no sirve de nada

ascender preces y mirar sin fondo;



¿Para qué?  Todo siempre se prescinde;

quizá no pararás de derramar “imploras”.



Siempre esta consuelo

en yacerse con esperanza.


Que a nadie le desampara la ilusión,

pero a todos siempre engaña



Pero seguí cantando,

mi preciado momoto.

que el tiempo se agota

y el deseo huye de sí mismo.



Tus cantos han satisfecho

mi sosiego alterado, ¡gracias!

Y tu imagen queda

atrapada en lo más profundo de mis locas cosas.


©

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