¿Por
qué te me fuiste de ahí?,
si
yo te estaba esperando
reptante
amigo.
Que
asoleábaste todo el tiempo;
que
al sol le muere su trono
si
ya no te observa ni siente.
Pero
ni aquí ni allá hay desahogo.
¿Por
qué, domadora de estancias?,
¿por
qué hacés eso, vida?
¿De
qué te sirve?, si ellos allí andan;
andando
y soñando con y sin aire,
con
y sin viento; que a veces hiere
y
otras consuela.
Pero
aquí me voy yo,
soñando
con no irme,
deseando
querer nada hacer,
vertiendo
miradas sin rumbo,
asimilando
rarezas y espantos.
Todo
para algún día decir:
me
sentí novísimo.
Oir
sin los tímpanos dañarme,
ver
al sol a la cara
sin
mi aumento engrandecer.
Y
poder al fin sentir, soñar y desear;
lo
que aquí y en allí jamás podré navegar;
por
lo que mi rumbo jamás se ha de encontrar.
¿Para
qué, mi querido vidente y sabio?
©
No hay comentarios:
Publicar un comentario