Recuerdo
el día que en el cielo divisé
la
negra línea que me advertía
la
cruzada de las aves obscuras
que,
alzando vuelo,
cruzar
al norte disponía.
Sería
como un alce,
“alce”
de anhelos;
por
ver tierra más allá de su alcance;
para
sembrar simientes y alegría,
en
una tierra de furor y esperanza;
tierra
que por hombre está vacía.
Cruzando
el cielo ardiente
como
anclas navegantes.
Su
envergadura apunta hacia occidente y oriente:
de
sur a norte piensa su vuelo apremiante.
Como
fila india y desigual
atraviesan
nubes y fuego;
fuego,
porque el cielo infierna,
y,
aun así, dejando atrás los ruegos,
ellos
abandonan su lecho, abandonan lo suyo.
Porque
el cielo obscurece
y
deben ir a prisa;
ya
que después Él estremece
y las aves obscuras desaparecen con la brisa.
©
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